Introducción Histórica
A lo largo de los siglos, las historias de hermandades y cofradías han ido intrínsecamente vinculadas al devenir de los tiempos y de la propia sociedad. Los momentos de penuria económica han tenido su repercusión en las corporaciones, así como los de pujanza. También los vaivenes políticos y la efervescencia social han dejado su marca, advirtiéndose de forma clara etapas en las maneras en las que la piedad popular se ha organizado para rendir culto a Dios.
De forma contundente fijaron su huella, por ejemplo, la Guerra de la Independencia y las desamortizaciones del siglo XIX, así como la República y posterior Guerra Civil en el siglo XX; y de forma más reciente, la pandemia del Covid-19.
Entre las numerosas consecuencias sufridas por las hermandades se pueden destacar ataques en sus sedes canónicas o casas de hermandad, destrucción de archivos y registros, reducción de nómina de hermanos, pérdida de patrimonio, disolución de corporaciones, interrupciones del culto... Todo ello, sumado además a la falta de un hábito en la práctica administrativa y de gestión en determinadas entidades, ha provocado que se adviertan vacíos o saltos en los registros cronológicos.
Por otra parte, también en Hellín hemos presenciado la creación de hermandades y cofradías en torno a una advocación, consiguiéndose con el tiempo una talla que materializase su devoción; pero también hemos sido testigos de la existencia de tallas en iglesias y parroquias en torno a las cuales se han organizado (y, en algunos casos, reorganizado) hermandades y cofradías.
Es constatable que algunas imágenes (sean titulares o no de iglesias o parroquias, y sean o no relativas a la Pasión), reciben las plegarias de feligreses y devotos, personas que en las fechas propias de su festividad organizan procesiones, actividades o cultos en su honor, no siempre provistas de la estructura u organización de una hermandad propiamente dicha.
Orígenes de la Cofradía (1831)
Teniendo en cuenta lo anterior, que sirve como preámbulo para el caso que nos ocupa, la historia de la Cofradía de Santa María Magdalena en Hellín se remonta al siglo XIX, y más concretamente a 1831, siendo don José Ruiz Sánchez cura párroco de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción.
Este sacerdote tuvo un papel de vital importancia en la Semana Santa, ya que ejerció la labor de impulsor de distintas devociones. En distintos escritos se advierte una cercanía de este con el escultor Baglietto —y con su hijo Joaquín Eusebio—, no solo para encargos con Hellín como destino, sino también otros tipos de escultura religiosa para iglesias y parroquias de la provincia.
Efectivamente, la imagen de Santa María Magdalena fue tallada por Baglietto. Si bien la llegada de la Santa a Hellín se fecha en 1831, el historiador Antonio Losada asegura que la organización como cofradía se produjo en 1881, aunque no aclara si mediaron estatutos.
Consolidación como Hermandad (1881-1922)
Ciertamente, 1881 fue otro año importante en Hellín. Siendo cura-párroco don Norberto Jiménez Pagán, se vivió un periodo de transformación en las procesiones al suprimirse las pujas, y de gran proliferación en cuanto a la creación de hermandades.
El hecho de una organización como hermandad muy posterior a 1831 quedó también reflejado en el libro Memorias de la Tía Anica (Alejandro Tomás – ATOMI), en el que se lee «la Magdalena, al principio, no tenía cofradía», siendo una de esas imágenes a disposición de «quien quisiera sacarla». Este autor añadió que, a principios del siglo XX, fue el gremio de barberos el encargado de organizar la cofradía, destacando un joven llamado Jesús Morales.
Bien pudo ser que, aun sin una organización, la Santa fuese generando una devoción que provocase los respetos y atenciones de feligreses y «cofrades sin cofradía».
La Figura de Juan Antonio Molina (1922)
En los años veinte del pasado siglo, la figura de Juan Antonio Molina figura como personaje trascendental para la Cofradía de Santa María Magdalena. De hecho, el especial de Semana Santa de La Tribuna de 1988 lo situó como "fundador" de la hermandad en 1922, en el reinado de D. Alfonso XIII.
Concretamente, en el Regional de 05.04.1923 se menciona la implicación de su esposa con la Santa. Estos nombres también destacaron en el diario Adelante (31.03.1928), donde constaba que la imagen era de Baglietto, que el presidente era Juan A. Molina y el hermano mayor Jesús Morales.
Reorganización tras la Guerra Civil (1942-1950)
Antonio Losada resalta que la reorganización de la cofradía después de la Guerra Civil se produjo en 1942, tras la carta del sacerdote don José Alemán (Párroco de San Roque) a Juan A. Molina, aun cuando consta que fue fundada en 1945, en el pontificado de Mons. Miguel de los Santos Díaz Gómara, Obispo de Cartagena.
En mayo de 1948 les atribuye unos estatutos (6 capítulos y 43 artículos), dejando el cargo de presidente para el cura párroco de la parroquia de Santa María de la Asunción, marcando también la fecha de celebración del cabildo general ordinario.
Fue canónicamente erigida por Mons. José García Goldáraz, Obispo de Orihuela y Administrador Apostólico de Cartagena, con fecha 14 de marzo de 1950.
La Imagen Actual de Santa María Magdalena (1944-1945)
En documentos consultados bajo el título Historia de la Hermandad de Santa María Magdalena, se acredita la existencia de una talla nacida de las manos de un escultor de Olot, no contando esta con el beneplácito del pueblo. Dicha imagen había pretendido suplir a la de Baglietto, desaparecida en la Guerra Civil.
A consecuencia de lo anterior, Amando Sánchez y Antonio López del Oro quedaron encargados de entablar conversaciones con el escultor Federico Coullaut-Valera, que ya tenía vínculos familiares y amistosos con Hellín, para la ejecución de un nuevo proyecto. La talla tuvo un coste de 35.000 pesetas y procesionó por primera vez en 1945.
También el especial de Semana Santa de La Tribuna de 1988 se reafirmó en los datos sobre la actual imagen de Santa María Magdalena, fechando su encargo en 1944 y procesionando por primera vez en 1945, siendo José Luis Morales, «Morales, el Barbero», su hermano mayor.
La Hoja de Información Semana Santa de Hellín de 1949 se hizo eco de que los cofrades salieron sin uniformidad ni organización, hasta que Juan Antonio Molina los dotó de los medios necesarios. Poco después, en 1952, la Santa desfiló con el trono diseñado por Coullaut-Valera, tallado por Andrés Rodríguez.
Nueva Etapa (1975)
En el especial de Semana Santa de La Tribuna de 1988, se afirmó que la Cofradía estuvo a expensas de la familia Molina hasta 1975, fecha en que otros jóvenes cofrades dieron un nuevo rumbo a la institución: Juan Antonio Bleda, Emilio Sánchez (actual Hermano Mayor), Alfredo Rodríguez, Lorenzo García Molina..., celebrando la sucesión monárquica en la persona de Su Majestad D. Juan Carlos I.
A partir de ahí, los nombres de los gestores y directivos de la Cofradía resultan cercanos y conocidos, ya que muchos de ellos son testigos e historia viva de la corporación, atesorando el conocimiento de su devenir cofradiero.
Actualidad y Reconocimientos
En este sentido, nace la propuesta, como identidad corporativa, de interesar de Su Majestad El Rey la concesión del título de Real a favor de esta Cofradía de Santa María Magdalena de Hellín, significando que, en estos tiempos en los que se destaca el papel de la mujer, fue precisamente una de ellas, la Magdalena, quien se encontró por primera vez con el Resucitado (Mc 16,9).
En febrero de 2024 la Cofradía recuperó la senda canónica con la elección de Emilio Sánchez Villena como Hermano Mayor.
Y, desde el 30 de junio de 2025, Su Majestad el Rey, D. Felipe VI, es Hermano Mayor Honorario de la Cofradía.
Textos, libros y publicaciones consultadas en el Archivo Municipal de Hellín, Bibliored Hellín y Biblioteca Digital de Albacete, con el agradecimiento de la Cofradía de Santa María Magdalena a la extraordinaria colaboración prestada por Álvaro M. Ibáñez Mora.
Referencias: Alfredo Antonio Losada Azorín, Historia de la Semana Santa de Hellín, Cofradías y Hermandades (1993); Hoja de Información Semana Santa de Hellín (1949); Antonio Moreno García, Otra contribución a la historia de Hellín; AL-BASIT, revista de estudios albacetenses (1987); Estatutos canónicos de 4 de noviembre de 2002.